Con M de mujer
El mundo desde un ángulo femenino.
sábado, 30 de agosto de 2014
MARIONETAS DE TODOS
viernes, 31 de enero de 2014
MIRADAS DE MUJER
Dulces. Escépticas. Luchadoras. Enamoradas. Soñadoras. Intuitivas. Apasionadas. Rendidas. Valientes. Perversas. Amargas. Ingenuas. Desconfiadas. Cobardes. Asustadas. Inquietantes. Transparentes. Provocadoras. Orgullosas. Inteligentes. Bellas. Traidoras. Sinceras. Mentirosas. Frías. Misteriosas. Huidizas. Cansadas. Incisivas.
Que buscan o se conforman. Que encuentran o pierden. Que saben o ignoran. Que esperan o abandonan. Que hablan o callan. Miradas que guardan secretos.
Miradas que esconden historias.
Miradas de mujer.
15 relatos, 15 miradas. Algunas tienen dueña, nombre y apellidos; otras son anónimas. Algunas incluso llevan tatuadas mis iniciales, otras las encontré (o me encontraron) en un bar, una esquina, un tren... en cualquier rincón donde fluya la vida.
15 cuentos donde las hadas dejan paso a mujeres de carne y hueso, de sangre y lágrimas. Donde cada una son todas y todas pueden ser una, la que prefieran en cada momento.
Adelante. Poco a poco, así como se forja todo lo importante. Cada relato irá naciendo a su hora, y llegará a ustedes en su momento preciso. Aguarden. No desesperen. La vida solamente obedece sus propios tiempos, las historias que hablan de ella también.
Aquí nos iremos encontrando en un cruce de miradas. Miradas de mujer.
martes, 28 de enero de 2014
PARIR EN IMPERATIVO
Nací en los ochenta, por tanto no recuerdo charlas clandestinas sobre métodos anticonceptivos, ni trapicheos a escondidas de píldoras anti-baby entre amigas rojas y poco decentes. Sin embargo, sí conozco (¿quién no?) historias dramáticas de muchachas embarazadas que se encomendaban a comadronas, curanderas, medicuchos y farsantes de medio pelo para "deshacerse del problema" antes de que su familia les echara a la calle avergonzados de ellas. Sí he oído hablar de muchas que murieron desangradas en un camastro o en mitad de la calle después de que uno de esos cafres las desgarrase por dentro. Sí conozco a muchos hijos no deseados que fueron abandonados a las puertas de un orfanato o un portal cualquiera. También sé algo de bebés robados a parturientas adolescentes y solteras que no podían hacerse cargo de ellos porque la sociedad, además de no permitirles abortar, las condenaría al repudio y el rechazo de por vida. Y también sé de jovencitas de apellido compuesto y familia honorable que tomaron un vuelo a Londres cierto viernes y regresaron un domingo con el vientre limpio de engorros. En esa España conservadora, tan protectora de las vidas intrauterinas, no solo se llevaban a cabo multitud de abortos, sino que las condiciones legales ponían en severo riesgo la vida de las propias madres. ¿A ese punto es dónde nos quiere llevar Gallardón?, ¿a una España hipócrita de banderas pro-nonatos y hospicios a rebosar?, ¿a una España donde quien pueda abonar los informes médicos pertinentes consiga abortar sin despeinarse mientras que todas las demás tengan que parir imperativamente o ponerse en manos de carniceros que las destrocen el cuerpo?, ¿de verdad creemos que una ley más severa hará que disminuyan los abortos?
Somos muchos los que sufrimos ataques de perplejidad y rabia cada vez que los medios de comunicación nos ofrecen una muestra más del empecinamiento que ofusca al ministro. ¿Por qué modificar la ley vigente cuándo las estadísticas afirman que, desde que entró en vigor, los abortos han descendido notablemente?, ¿para qué arreglar algo que funciona mejor que nunca?...
Nadie frivoliza con el asunto, nadie ha pretendido nunca que abortar responda a un capricho. Estoy segura de que ninguna embarazada ha tomado esa decisión con ligereza, y si alguna lo ha hecho poco importa: las leyes no se promulgan para las excepciones sino para la mayoría. Tampoco hablamos por hablar las que nunca hemos concebido, precisamente porque nuestra condición femenina nos obliga - queramos o no, cuestión de biología - a pensar en la maternidad desde que somos apenas unas niñas, bien sea para evitarla o para ir en su busca. Los discursos que apoyan este anteproyecto recalcan hasta la saciedad la responsabilidad ante la idea de dar vida a un nuevo ser humano, pero no se dan cuenta (o no quieren dársela) que la principal responsabilidad es la de garantizarle, al menos en la medida de lo previsible, una vida digna en todos los sentidos, empezando por el emocional y terminando por el económico. Resulta muy fácil defender los derechos del no-nacido desde un escaño acolchado y con una nómina de cuatro ceros a final de mes. Resulta muy fácil ser pro-vida desde una situación afectiva estable y armónica. Pero en la vida real, y más en estos momentos, muchas nóminas no superan las tres cifras - de hecho, muchos ingresos no son ni siquiera nóminas -; en la vida real las adolescentes tienen relaciones sexuales cada vez más tempranamente (nos guste o no) y no siempre toman medidas anticonceptivas porque no han recibido una correcta educación sexual o porque las hormonas les traicionan; en la vida real las mujeres de cuarenta años se quedan embarazadas de su cuarto o quinto hijo porque el DIU que llevaban años utilizando de repente falló y no desean o no pueden permitirse económicamente otra boca que alimentar. En la vida real siguen existiendo violaciones con embarazo que provocan un trauma insuperable para muchas mujeres. En la vida real - y ahora especialmente - existen muchas madres que no podrán hacer frente a los gastos que conlleva una malformación grave crónica de su hijo y que, una vez nacido, solo recibirán del Gobierno ayudas tan rídículas que rozan la tomadura de pelo. En la vida real las teorías brillantes y pulidas se perfilan con aristas cortantes que deben quedar cubiertas dentro de la legalidad. Eso es lo que convierte a una ley en eficaz, lo demás son palabras de plástico.
No estoy diciendo que la maternidad solamente sea viable en las condiciones óptimas, pero sí defiendo a ultranza la obviedad de que tener un útero fértil no implique parir de forma imperativa. No elegimos ser mujeres, no elegimos que el sexo lleve implícito para nosotras la consecuencia potencial del embarazo, por eso defiendo una ley que permita ser madre sin obligar a ello en circunstancias poco recomendables. Y no hay nada menos recomendable que traer al mundo una criatura indeseada. Precisamente porque un niño se merece lo mejor, no hay nada más humillante para él que tenerlo únicamente porque no queda otro remedio.
domingo, 26 de enero de 2014
BIENVENIDOS
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| The Mirror. Renè Magritte. |
